POEMA AL MAESTRO: ROBERTO CUEVA DEL RIO

POEMA AL MAESTRO ROBERTO CUEVA DEL RÍO

              


                             
VIDA


Quisiera ser de fuego arderme y propagarme, ser verde árbol y humilde rio tranquilo ligarme con la tierra y respirar el cielo, dormir al mar sereno, mecer al ágil llano.

 Perderme con los lirios, oler a la violeta, con cactus levantarme y al cosmos dirigirme, correr cañada abajo en refrescar profundo, abrigar a los montes alimentar al campo,

 empaparme los ojos con el frío de la noche, guardia de las estrellas de

noche y día continuo, la espina de la rosa en cuidado nocturno, la brisa en pleno vuelo al navegar los mares.

Quisiera liberar cadenas que me estorban, quitarme los grilletes de la luz y la sombra, que los ojos se impregnen de agua fuego, viento y duerman en la tierra, que lo recuerdos se queden preñados de la luna, que libre la conciencia al elemento ceda, un libre movimiento de amplitud y forma.

 Idilio de cristales contenido de lagrima, trayecto de los ríos sentirme en sus caudales, perderme en un sin tiempo perpetuándola forma, ser savia circulante y adormecer de pino, clorofila de pasto en puntitos de jade, ser sabia circulante y adormecer de pino, teñirme con la verde frescura de ucalipto, venir en paz de océanos calmando la tormenta.

Estampa y voz de trino, sonora faz de estrellas.  Ser lava de violencia con altura de cóndor,ser selva de esperanza en la ciudad espesa, diluvio que refresque el corazón del mundo.

 En mares de discordia flotar en las alturas, dejar de ser humano y llenarme de la vida, ser hueco de los nidos y portal en las tardes café de la canela con textura de nube semilla donde encierra su secreto la vida, viñedo lleno de uvas, prendidas de su ramo, ser eco de molinos, palabra, palma, yedra.

 Idilio de cristales contenido de lágrima, trayecto alegre de ríos sorteando los caudales 

limón, naranja, pera, farol que guarda amores, el juego de los niños,arena roja, incendio donde arden los abriles, eterno aliento vivo, dureza como el hierro.

 Concha que pinta nácar, el tiempo en que se quedan los pasos desolados, las voces que se secan tan llenas de palabras. la tibia golondrina volando la mañana.


                              Al maestro Roberto Cueva del Rio 

                              Por su ejemplo de amor a la vida

                             

 Su hija: Marina de la Cueva


 

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